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El martes 12 de marzo, antes de la inmersión en el festival de ruido, gente y caos circulatorio de las fallas, nos reunimos en clase para hacer una valoración de la acción realizada en la concentración y debatir sobre los temas que quedaban abiertos. Estava prevista la visita de unx de lxs integrantes de la plataforma Tanquem Cofrents pero finalmente no pudo ser, de forma que la sesión sirvió para resituarnos en el proyecto de montaje y valorar las acciones realizadas hasta la fecha.

Del proceso de realización del dragón destacamos la fluidez con la que se desarrolló el proyecto desde la idea hasta su realización, valorando muy positivamente la forma en la que se fue concretando la propuesta, sobre todo, la capacidad crítica y de escucha de lxs componentes del grupo, aspecto que facilitó que se aportaran las soluciones más adecuadas en cada momento y permitió que, de una manera orgánica, fuera creciendo todo.

Esto me ha hecho pensar en el nosotros, en cómo se construye lo común a través de la práctica teatral y el trabajo de grupo en clase durante el desarrollo de un proyecto que implica, durante un periodo concreto, convivir y compartir un espacio, un tiempo y un objetivo común. Desarrollamos un proceso de creación conjunta, una situación que nos implica de una manera particular pues se trata de que el grupo se posicione críticamente en torno a un tema de actualidad y que proponga una acción escénica fruto de un proceso de reflexión y creación conjunta. A una escala casi doméstica el aula se conforma como un laboratorio de experiencia compartida. Sobre estas cuestiones se puede consultar varios textos de Marina Garcés en la página de espai en blanc: recomiendo el texto  Entre nosotros (A destacar las implicaciones políticas del “nosotros”):

Preguntar por el nosotros no es preguntar por la comunidad frente a la sociedad, por lo público frente a lo privado o por lo colectivo frente a lo individual. El nosotros no es un ámbito de lo social, es una experiencia que transforma lo social. Es un proceso de subjetivación y de politización que implica inscribirse en el mundo desde la co-implicación. Desde ahí, ¿cuál es nuestro campo de experiencias posibles?”  

Después de la valoración nos centramos en retomar el proyecto, en ver de qué modo aquella información que habíamos manejado relacionada con las energías no renovables, (energía nuclear y petróleo) podía tener lugar en el proyecto de montaje escénico. Surgieron varias ideas para trabajar en relación con la dependencia energética de la sociedad actual, de la posibilidad de trabajar sobre este asunto renunciando al uso de la iluminación teatral (focos muy potentes de mucho consumo energético), preguntándonos sobre los costes energéticos de una propuesta escénica y la posibilidad de reducir al máximo este consumo.

Pensando en grupo cómo tratar este asunto surgió, también, la pregunta sobre el espectador, qué lugar le damos, cómo participa del montaje y del sentido… se citó un texto de referencia El espectador emancipado de Jacques Rancière y el texto que le dio origen El maestro ignorante: cinco lecciones sobre la emancipación intelectual.  “un maestro que enseña sin transmitir ningún conocimiento”. A destacar de ambos textos la importancia del principio de igualdad.

Para ampliar la reflexión sobre el espectador también se puede consultar “Querido público. El espectador ante la prticipación: jugadores, usuarios, prosumers y fans“.

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El Sábado 10 de Marzo de 2012 acudimos a la Concentración “Fukushima mai més”  convocada por la Plataforma Tanquem Cofrents para recordar el accidente de Fukushima y pedir el cierre inmediato de Cofrents y Garoña, dos Centrales Nucleares con la licencia de explotación caducada.

La concentración estaba convocada para 18’30, aunque acudimos media hora antes para  organizarnos con el dragón y la plataforma Tanquem Cofrents. Hicimos un paseillo previo alrededor de la boca del metro para ir calentando, hasta que se ocupó la vía pública y comenzó la concentración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vídeo de la acción: 

 

 

Salieron imágenes de la concentración en:

El Telediario de TVE minuto 13. http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/telediario-21-horas-10-03-12/1345865/

y también en Canal 9, minuto 15. http://www.rtvv.es/va/informatius/Nt9-edicio_3_661163961.html

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El tambor resuena con un ritmo pausado. El aire es fresco. La nieve cubre el patio rodeado de edificios de tejados curvos. Una sensación de paz envuelve el templo budista Joenji, situado en la falda de la montaña en las afueras de Fukushima. Pero en este lugar de silencio y meditación ya no solo hay sitio para la oración y el recogimiento. El monje zen Koyu Abe libra una batalla contra la radiactividad que desde el terremoto y el tsunami del 11 de marzo del año pasado se escapa de la central nuclear de Fukushima 1.

Abe ha emprendido una cruzada contra la radiación, en respuesta a lo que considera la desidia del Gobierno local. El valle, dominado por lo que solían ser fértiles campos de arroz, está a unos 50 kilómetros de la planta dañada, pero la contaminación en algunos puntos es mucho más alta que la que existe en muchas partes de la zona de exclusión de 20 kilómetros alrededor de la central e incluso en esta. Son los llamados hotspots,puntos calientes creados al ser diseminada la radiactividad por el viento y la nieve y que suponen un riesgo para la salud de los habitantes.

Un total de 80.000 personas fueron forzadas a evacuar sus pueblos en torno a la planta de Fukushima después de que se produjeran varias explosiones y fusiones en los reactores, desencadenando la peor crisis nuclear que ha sufrido el mundo desde Chernóbil, en 1986. Pero muchas otras continúan viviendo en zonas donde, según algunos académicos y grupos de voluntarios, los niveles de radiación son altos.

Abe se calza unas botas de caucho, sube al coche y conduce hasta una estrecha carretera a unos minutos del templo. Detiene el vehículo en el arcén, se enfunda unos guantes y coloca un dosímetro sobre la tierra. El detector comienza a emitir pitidos, marca 46,5 microsieverts a la hora.

Aunque disminuye rápidamente cuando se aleja el aparato del suelo, es un valor extremadamente alto. “No podemos permanecer mucho tiempo aquí”, dice mientras regresa al coche. “Por esta carretera pasan niños camino del colegio y las autoridades no hacen nada. Ni siquiera miden los niveles. Es imposible limpiar esto. La única posibilidad es extraer la tierra hasta un metro de profundidad y llevarla a otro sitio”, dice.

Alguien que se viera expuesto continuamente a este nivel de radiación alcanzaría en 21,5 horas la dosis máxima anual acumulada recomendada por la Comisión Internacional de Protección Radiológica, que es de 1 milisievert o 1.000 microsieverts. Se considera que una dosis de 100 milisieverts al año es el umbral a partir del cual es evidente el incremento del riesgo de sufrir cáncer.

Abe ha organizado un grupo de voluntarios que miden la radiactividad y han encontrado varios puntos calientes en diferentes zonas alrededor de la ciudad. En algunos sitios, han sacado la tierra con excavadoras, que luego depositan en un terreno perteneciente al templo. En él, se acumulan decenas de barriles azules llenos con bolsas de tierra contaminada. El monje abre la tapa de uno de los depósitos e introduce el dosímetro. Señala 23,45 microsieverts a la hora.

Los voluntarios han trazado un mapa con los puntos calientes. Uno de ellos se encuentra junto a un gimnasio en el centro de la ciudad. Abe conduce el coche hasta el aparcamiento de la instalación deportiva y sitúa el medidor en un par de lugares donde se ha acumulado el agua de la nieve. “Los niños suelen jugar aquí”, dice. El aparato marca valores superiores a 12 microsieverts a la hora. “Hoy el nivel es más bajo debido al efecto de dilución del agua. Informamos a las autoridades de nuestras mediciones, pero no hacen nada”, afirma. Abe ha llegado a encontrar puntos con 60 y 80 microsieverts a la hora. El grupo realiza también labores educativas para promover el conocimiento científico sobre la radiactividad, y cuando detectan un lugar con altos niveles de contaminación advierten a los niños que no vayan a jugar allí.

Abe explica que acumulan la tierra en la colina detrás del templo porque ni el Gobierno local ni Tokyo Electric Power (Tepco), la empresa propietaria de la nuclear, ayudan con la limpieza. “El problema de la radiactividad es que no se ve, pero está ahí. Muchos se preguntan si pueden seguir viviendo aquí, pero el Gobierno dice que es seguro. Cómo podemos creerlo cuando ni siquiera hacen mediciones. Están poniendo en peligro la vida de la gente”.

El verano pasado, Abe plantó y distribuyó girasoles y otras plantas que contribuyen a eliminar la radiación. Pero cree que no es seguro vivir en Fukushima y que “si fuera posible, habría que decir a la población que se fuera, limpiar y que luego regresaran”.

En el Gobierno de Fukushima, un portavoz que no da su nombre explica que los vecinos pueden llamar para solicitar en todo momento mediciones de radiactividad. “Hemos comprobado el nivel en mil puntos delante de los residentes. Además, controlamos regularmente lugares públicos tales como escuelas primarias, oficinas, gimnasios y los parques donde juegan los niños”, afirma. También asegura que una vez que es descontaminado un lugar anuncian oficialmente los datos.

Yoichi Tao, un experto nuclear en la Universidad Kogakuin, en Tokio, coincide en que las autoridades no realizan suficientes mediciones. “En Itate (un pueblo 40 kilómetros al noroeste de la central), el Gobierno solo registra datos una vez al día y en muy pocos puntos”, dice Tao, que ha creado una asociación para ayudar a los habitantes de esta localidad. En abril del año pasado, las autoridades ordenaron a los alrededor de 6.000 vecinos de Itate que evacuaran el pueblo —a pesar de que se encuentra fuera de la zona de exclusión de 20 kilómetros—, debido a los altos niveles de radiactividad. La práctica totalidad de la gente lo hizo, y casi un año después siguen sin poder regresar a sus hogares, en medio de una frustración creciente. “Nosotros estamos midiendo por todo el término municipal, en algunos lugares 24 horas al día. Hemos encontrado puntos con 60 a 80 microsieverts a la hora en la superficie del suelo y la media es de 10 a 20 microsieverts. La gente en el Gobierno son solo burócratas sentados en el Parlamento. Deberían ir a ver la realidad. Todo el mundo debería visitar la zona. La catástrofe de Fukushima no es un problema únicamente de Japón”.

De vuelta en el templo, Abe dice que la limpieza de la tierra se intensificará esta primavera, cuando espera contar con varios centenares de voluntarios. La financiación llega, según afirma, de donaciones recibidas de templos de todo Japón. “El Gobierno debería simplemente mirar las cosas con los mismos ojos que la gente normal, ser honesto y hacerse cargo de todo el proceso de descontaminación”. En el exterior, la tarde cae sobre el valle en silencio.

Artículo publicado por el diario EL PAÍS, 10 Marzo de 2012. Jose Reinoso.

Rafael.

El viernes pasado estuvimos trabajando en el taller, en el aula E-0-17, un grupo se encargó de realizar la maqueta de la cabeza del dragón y otro trabajó en el sistema para ensamblar los tramos del cuerpo y los palos para manipularlo. Os cuelgo imágenes del cuerpo y de las propuestas de cabeza del dragón.

El cuerpo lo hemos montado con cestas plegables, sujetas entre sí por bridas, los palos para manipular los hemos  perforado para pasarles un aro de alambre (del mismo diámetro que el de la cesta) y lo hemos fijado con bridas. El próximo martes terminaremos la estructura y empezaremos a forrarla con rasete que pegaremos con cola para termo-fusible. Se modelaron cuatro maquetas par la cabeza:

Al finalizar la clase, se decidió que se realizaría la maqueta 4 (de derecha a izquierda y de arriba abajo), pero modificando la mandíbula, haciéndola más ancha (siguiendo la maqueta 2). No obstante pienso que al haber partido del cráneo como referente se ha perdido la forma cónica que debería tener acorde con el cuerpo (también con el dibujo de Estela). He hecho un modelo para poder contrastar con el resto de propuestas esto que os comento, partir de la forma geométrica también nos permite mantener un aspecto más estilizado de la cabeza y no hacer una referencia tan explícita al dragón tradicional, aunque como veis se asemeja al AVE.

Enma se ha encargado el fin de semana de comprar rasete amarillo para el cuerpo del dragón y Cris ha comprado las cestas plegables en los chinos del polígono de Manises, los ha encontrado por la mitad de precio 2’50€. Gracias a las dos!

falta comprar: cola termofusible, tela roja para vientre dragón, 4 palos escoba,

El próximo martes nos vemos en el taller hay que venir preparadxs para trabajar con los materiales  (mono-bata de trabajo, calzado apropiado…)

Vamos a posponer la charla del martes 6 al martes 13 pues necesitamos avanzar en el dragón y parece que tendremos poco tiempo para poder hacerlo fuera del horario lectivo así que tenéis más tiempo para leer los textos.

 Espacio imaginado. Realizar un texto libre que describa lo visible, pero también lo que queda oculto en la imagen. trabajar en grupo para idear una puesta en escena de las descripciones.


Un camion galleggiante sulla spazzatura, pieno di spazzatura, circondato da spazzatura, da tutti i lati. Circondato anche da gabbiani, molti gabbiani che volano e si lanciano degli uccelli rapaci sulla spazzatura. Pare una lotta per la spravvivenza dello stormo di gabbiani bianchi volanti. Il camion, la madre nutriente dei gabbiani che aspettano la cena, svuota la sua pancia piena davanti ai rapaci impazienti. Resti di sedie, materiali tessili, cartone, carta, legno, residui biodegradabili in sacchi di plastica. Tutto è chiuso nelle borse negre, bianche, gialle, verdi, blu. Una moltitudine di colori su uno sfondo blu marino e un cielo azzurro che appena s’intravedono.

Ruxandra

Plastica,

bucce di arance,

assorbenti usati,

scatole di cartone,

uno specchio frantumato,

flaconi vuoti di detersivi,

una sedia rotta,

la testa di una bambola,

carta strappata,

la rete di un letto.

Bianco, nero, rosso,

il mare sullo sfondo.

Ancora plastica.

Una collina di buste,

gabbiani nel cielo,

il camion dei rifiuti sulla sinistra.

Verde e blu.

Lampadine fulminate,

tuorli d’uovo,

mozziconi di sigarette,

ruote di biciclette,

scarpe rotte,

barattoli di latta,

pezzi di elettrodomestici vari,

uno zaino vecchio,

il giornale del giorno prima,

vecchi libri,

una maglia scolorita,

avanzi d’esistenza.

E lettere,

ricordi,

il cielo grigio nel fondo.

Il camion che apre lo sportello posteriore

e fa cadere altri rifuti.

Ancora plastica,

latta,

stoffa,

vetro,

metallo,

un mare di rifiuti!

Marta Guerrera

Trece, quince, cincuenta o quizá cien mil sujetadores volando a lo lejos, deslizándose por el aire impulsados por el viento o la prisa. Tal vez por la gravedad mal aplicada. Cosas que pasan.

Dos hablan de banalidades. O tal vez no hablen sino que estén chocando. O puede que no se trate de sujetadores, sino más bien de folios a medio escribir o con dibujos horrendos por ambas caras. Eso explicaría la velocidad, el empeño en no dejarse ver las alas.

Puntos negros, presumiblemente blandos y sin duda viscosos, pueblan la base -de agua, estiércol, gas o algo duro-. No resulta fácil distinguir lo visual con tanto ruido como de castañeteo de dientes o cepillado de chaqueta vieja. Manzanas mordiéndose unas a otras, tal vez.

El objeto gris es pared o muralla. Posiblemente muralla que marca la división entre la zona de acuática -o no- y la de aspecto estrafalariamente repulsivo.

Una cáscara de naranja que, a base de sobredimensionarse, se ha transformado en alfombra o lámpara de techo. Desgastada por las esquinas, en las que se intuyen babas infantiles características de cuando estrenan dientes o manos o pies.

Un poco de olor a jengibre viejo. Galletas pasadas o más bien anillo de bodas.

Y quizá esté observando en primera persona o a través de un cristal reluciente o más atrás incluso. Tanto que ni siquiera hay imagen y tengo los ojos cerrados -o abiertos- frente a una pantalla. O no tengo pantalla ni ojos ni nada. Y los píxeles se construyen entre mis orejas.

Y de pronto pienso que este folio acabará formando parte de la descripción misma, enredado en olores pastosos y blandos.

Laura

Parte trasera de un camión, cielo, grupo de gaviotas, suelo de basura interminable…

Todo tiene un color parecido, sucio, hasta el cielo a perdido su azul intenso. Estamos ante una situación de terror, las gaviotas atacan y el camión nos dirige una mirada agresiva, no me gustaría ser parte de ese montón de desechos.

El sonido es molesto, la boca trasera del camioncillo necesita aceite, chirria de manera estridente cada vez que se abre y se cierra, acompañado del pitido que produce el vehículo mientras se desplaza hacia atrás. Estamos cerca del mar, su oleaje es fuerte, se queja, intenta que la escuchemos que huyamos.

Las gaviotas hablan entre ellas, creo que es el ave con el cantar más horrible de la naturaleza, luchan para ganar las cuatro asquerosas piezas comestibles que hay entre los montones…

Montones de envases, papeles, prendas… ¿tanto necesitamos?

Todo se encuentra muerto, hasta las etiquetas coloridas, esos logos radiantes de colores que parecen estar tatuadas en las botellas y envases, han desaparecido.

Puedo sentir el olor, disculparme por las arcadas que me produce, es tan intenso como el sonido, ¡MARCHÉMONOS!

Emma

Fàstic, vergonya de veure quin és el preu amagat que hem de pagar a canvi del progrés.

Muntanyes heterogènies s’extenen fins un punt que no sé si és més brossa o la mar. Solament el lloc ja em dona angúnia, com si el sòl no fos estable i et pogueres pedre entre totes aquestes deixalles. És horrible imaginar-se allí, amb por de tropeçar i que la pròpia brossa se’t trague, com si fos un monstre famolenc que encara no en té prou amb tot el paratge replet de tot alló que jo no volem.

Això exactamente pareix el camió que hi ha al mig, descarregant. Un monstre metàl·lic i pesat que traga sense fixar-se en qué. Potser més d’una gavina ha estat esclafada per tonellades de deixalla. Com hi poden habitar aquest lloc?

Igual que voltors que se n’aprofiten de le deixalles d’altres animals, elles n’han sabut traume profit de la situación.

Bosses , milions de bosses plenes de coses que punxen, tallen, són viscoses i desagradables s’amuntonen creant nous accidents geogràfics.

Una vall fastigosa entre muntanyes fastigoses. Potser d’entre elles naixca un riu d’oli gastat, on envoltoris bruts s’obriguen com nenúfars.

                                                                                          Helga

Una, dos, tres. Infinitas bolsas de basura crean montañas de colores y desperdicios. Ni un milímetro de suelo queda al descubierto, ni un centímetro sin inmundicia. A lo lejos se divisa un horizonte que parece estar teñido de un azul oscuro e intenso, como si de las profundidades del mar se tratase; pero quizá no sea más que mugre desenfocada.

En un primer plano se levanta un gran monstruo de metal, un tanque a cargo de los desperdicios humanos. Su boca, o puede que su trasero, se abre gracias a complejos y mecánicos dispositivos dejando salir o entrar todo aquello que a las personas nos sobra.

Las aves rapaces del Mediterráneo, los buitres del mar, vuelan desde aquel horizonte lejano para carroñear residuos del capitalismo. Planean hacia la boca (o el culo) del mastodonte que, no satisfecho con toda la porquería que acumula en su interior, también a ellas se las quiere comer.

El cielo se tiñe de blanco, como la mayoría de las bolsas, como las gaviotas…pero nada parece inmaculado. A pesar de que sabemos que lo que lleva el timón de la fotografía es la basura, no distinguimos casi nada de ella. Alguna silla, alguna botella, es probable que alguna compresa pegada a alguna bolsa, plástico con plástico. Menos probable que algún niño muerto se haya colado en este vertedero. Todo se une y no forma más que una masa homogénea de plástico y bazofia difícil de extinguir.

Noelia